En Instagram estuvimos realizando una serie de retos por mes, al que se fueron sumando nuestro seguidores. La idea del #RetoFrutilla de este día consistía en crear una historia con 10 palabras: menta, superficie, habilidad, alegría, sentido, constancia, enfermedad, mala suerte y respirar.

    Haciendo click en el ícono de Instagram pueden encontrar la historia de Belu, quien es parte del staff de prensa de Frutilla. 

    A continuación, les compartimos el que realizó Paola.

Haciendo click en el ícono  pueden encontrar la historia de Belu, quien forma parte del Staff de Prensa de Ediciones Frutilla. A continuación, les compartimos el que realizó Paola:

Al principio, quien viera a la chica pensaría que era una mala proyección. Desaparecía y volvía a aparecer como un parpadeo mientras tomaba el té, hasta que sólo quedaron dos tazas vacías en la mesita.
Para la chica, era la habitación la que parpadeaba entre la casa que era y la que solía ser. Cuando un conejo vestido le dio la bienvenida, se aventuró a pensar que su pequeño ritual del té tal vez la había transportado no en tiempo sino en espacio. Un espacio ruidoso y extraño.
“Ah, ya qué.”
Se levantó de la mesita, apoyándose en la superficie y llenándose de polvo en el proceso.
–Perdón, ¿bienvenida a dónde? -Era su imaginación o el rostro del conejo pasó de la alegría exagerada a algo más relajado y neutral como si con ella no tuviera que fingir.

-Al País de Octubre.

A lo lejos, en las otras habitaciones, se escuchaba un escándalo que la hacía pensar que tal vez todos los residentes del País se encontraban dentro de la casa,
–Ya. Sabes, lo que pasa es que yo esperaba ver a alguien distinto, sin ofender. Veras, una vez yo estaba tomando té de menta. Y a mí me gusta tomar té en esas tacitas tan monas y adornadas, pero que son demasiado pequeñas.
–Entiendo lo que dices.
–Así que una vez decidí usar dos tazas y un chico con medias y patillas apareció en mi mesa, ahí delante de mí se puso a tomarse mi té. Aparecía mientras sostenía la taza y cuando bebía de ella desaparecía, así hasta que se terminó el té. Después ahí se quedó –como me acaba de pasar a mí– para nada sorprendido con lo que estaba pasando.
–¿Y tú?
–Yo fingí no estar sorprendida pero sí lo estaba.
–Me imagino.
–Él me dijo que si alguna vez no quería estar en mi tiempo podría ir a otro como él lo había hecho. Solo tenía que servir una taza de té para mí y alguien más.
–¿Así llegaste aquí?
–Yo creía que el ritual del té te daba la habilidad para viajar en el tiempo, pero ahora no estoy muy segura, porque ¿qué año es este?
–Aquí no pasa el tiempo.
–¿Y ese reloj?
–Esto mide el tiempo que no ha pasado.
–Ya veo.
Los dos se quedaron ahí en un silencio que se prolongaba demasiado rápido para el gusto de ella.
–Entonces…
–Ven, te daré un recorrido –dijo él amablemente.
–Gracias, entonces, el País de Octubre… ¿qué es? –preguntó, mientras ambos salían de la habitación a un pasillo atestado de gente extraña, o mejor dicho, seres extraños de una belleza extraña.
–Esto.
–¿Esta casa?
–No, todo.
–¿Todo qué?
–Todo todo.
–Ya.
–¿Y cómo era ese chico?
–Parecía sacado de un libro de historia: las patillas y las medias ya no se llevan. También era lindo, se tocaba demasiado el cuello.
–Mmm, sí, los de la enfermedad hacen eso. Es muy peligroso para ellos tomar el té.
–¿Por?
–Pueden perder la cabeza.
–Eso tiene sentido.
–Los que toman el té con constancia –hizo una mueca de desaprobación- en esos no hay que confiar. ¿Tú tienes la cabeza pegada a tu cuello?
–Sí.
–Entonces no hay de qué preocuparse. Esos pobres desgraciados sí que tienen mala suerte.

La chica iba a preguntar qué tenía qué ver la enfermedad con las cabezas, cuando tres hombres de blanco pasaron corriendo por el pasillo. Dos sujetaban una camilla vacía y otro lo que parecía ser un saco con una bola de futbol dentro. A Rodia se le dificultó respirar por unos segundos y sólo para evitar el creciente pánico se aseguró de que, tal como en esta mañana y todos los días de su vida, su cabeza estaba bien unida a su cuello.

“Entonces eso de perder la cabeza era realmente una cosa.”

–Si quisiera regresar a, tú sabes, mi tiempo ¿cómo tendría que tomarme el té?
–Alguien lo tiene que poner para ti.
–Oh –dijo, cayendo en cuenta de que eso podría ser poco probable que sucediera–. ¿Y eso puede tardar mucho?
¿Tienes prisa?
La verdad es que no ¿me sigues mostrando el lugar?

Paola
Correctora de Ayuda de E.F.

Pasen por nuestras redes sociales para enterarse de los siguientes #RetoFrutilla y

¡Poder participar en los que más les gusten!

Please follow and like us: